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El aceite de girasol ¿caduca?

¿Caduca el aceite de girasol? Es una pregunta que se hacen muchos consumidores a la hora de hacer la compra de este producto y optar por adquirir varias botellas de una vez o, quizá, de echar mano a la despensa y encontrarse con una que compraron hace unos meses. Hoy resolvemos esta duda para ayudar a consumir el aceite de girasol con seguridad y todas las garantías de calidad.

 

Al igual que ocurre con el aceite de oliva, el café o el chocolate, el aceite de girasol no tiene fecha de caducidad sino de consumo preferente, lo que significa que el producto, en sí, es poco perecedero y que podemos consumirlo sin ningún tipo de riesgo alimentario una vez pasado ese periodo. Sin embargo, estamos ante una grasa y, como ocurre con todas las grasas, si no están bien conservadas o ha transcurrido mucho tiempo desde su envasado, podríamos llegar encontrar un cierto enranciamiento en el producto.

Cómo conservar correctamente el aceite de girasol

El aceite de girasol es sensible a la luz y al calor. Lo mejor es conservarlo en un lugar fresco y seco, alejado de la luz solar directa, como, por ejemplo, dentro de un armario de la despensa. Es importante, sobre todo, evitar dejarlo cerca de los fogones o del horno, ya que son las zonas de la cocina donde más suben las temperaturas cuando cocinamos.

 

Lo ideal es guardarlo en algún lugar donde lo podamos mantener a una temperatura de entre 5 y 20ºC, con el fin de preservar en óptimas condiciones todos sus nutrientes.

 

Entonces… ¿cuál es el periodo ideal para consumir el aceite de girasol?

Como decíamos, aunque bien conservado el aceite de girasol no tiene por qué estropearse, si queremos disfrutar del producto en su momento óptimo, lo mejor es que lo hagamos durante los primeros 18 meses tras el envasado del producto y siempre que haya permanecido cerrado herméticamente y conservado en las condiciones indicadas.

 

Una vez abierto, lo ideal es consumirlo antes de 6 meses ya que el oxígeno que entra en la botella al utilizarlo también puede ir degradándolo, con el paso del tiempo.

 

En cualquier caso, siempre podemos probarlo antes de usarlo para cocinar, con el fin de comprobar que no ha perdido sus aromas y sabores. De este modo, estaremos seguros de que está en perfectas condiciones para usarlo en nuestras recetas.